lunes, 3 de marzo de 2014

Mariposa – Paulo Coelho

    

Cuenta la leyenda que una joven mariposa -de cuerpo frágil y alma sensible- volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vio una estrella muy brillante, y se enamoró.
 Excitadísima, regresó inmediatamente a su casa,
 loca por contar a su madre que había descubierto
 lo que era el amor.
-¡Qué tontería! -fue la fría respuesta que escuchó. 
-Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor.
 Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así: para eso fuimos creadas.

Decepcionada, la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento.
 “¡Qué maravilla poder soñar!”, pensaba.
 La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno de aquella luz radiante para demostrarle su amor.

Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros
 por encima de su nivel de vuelo normal.
 Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. 
Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche,
 y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento.

Su madre estaba cada vez más furiosa: 
-Estoy muy decepcionada con mi hija -decía. 
Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Sólo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa: deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar.

La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa
Pero en el fondo -como, por otra parte, siempre sucede- quedó marcada por las palabras de su madre, y consideró que ella tenía razón.
 Así, durante algún tiempo, intentó olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casas suntuosas, de las luces que mostraban los colores 
de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y después de ver que la vida sin su verdadero amor
 no tenía sentido, resolvió reemprender su itinerario
 en dirección al cielo.

Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza.
 Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor.
 Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor.
 Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma a cada minuto.
 La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso.

Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver
 a su casa.
 Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llamas de las velas, destruidas por un amor que juzgaban fácil.

La mariposa, aun cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes 
e interesantes. 
Y comprendiendo que, a veces, los amores imposibles traen muchas más alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos.

Paulo Coelho
                                         
                     Extraído de la red.
                                                                                   
 


                                                                     

El Cielo.Cuento de Paulo Coelho.

                                                                       
          


Un Hombre,  su caballo y su perro iban  por una carretera. 
 Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó  un  rayo  y  los  tres murieron fulminados.
    Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, 
y prosiguió su camino con sus dos animales
    La carretera era muy larga y colina arriba el sol era muy intenso; 
ellos estaban sudados y sedientos.
    En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol,
 que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
   El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él,
 el siguiente diálogo:
Buenos días.
Buenos días - Respondió el guardián
¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
Esto es el Cielo.
Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.
    El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
    Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles…
    A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
Tenemos mucha sed,  mi caballo, mi perro y yo
Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
Podéis volver siempre que queráis –  le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
CIELO.
¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre!
 ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! –
advirtió el caminante.
¡De ninguna manera! – increpó el hombre
En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan
 todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos… 
                                                                                                      Paulo Coelho.
Jamás abandones a tus verdaderos Amigos aunque eso te produzca inconvenientes personales.
    Si ellos han estado dándote su amor y compañía has contraído una deuda:               
 “No abandonarlos nunca”.
Porque:
Hacer un Amigo es una
Gracia.
Tener un Amigo es un
Don.
Conservar un Amigo es
una Virtud,
Ser Tu Amigo
Es un  Honor…
Gracias Juan Manuel Guillen Orozco por compartir.
Un abrazo. 


'Touch' - Jean-Baptiste Chandelier.

                                                                                 
                                                                            
                         http://www.flixxy.com/touch-jean-baptiste-chandelier.htm?utm_source=nl    
                                                                             
                                Gracias Mauricio Fuentes por compartir.
                                Un abrazo.
                                                                                 


Laura Maria Larrea- Soy una feria

                                                                                    
                                                                               
                                        http://www.youtube.com/watch?v=fd6rlen-17c       
                                                                                
                                Extraído de la red.
                                                                               


Y TUVE QUE ACEPTAR.

                                                                          
 

Y TUVE QUE ACEPTAR

Que no sé nada del tiempo…que es un misterio para mí…

 y que no comprendo la eternidad…

Yo tuve que aceptar, que mi cuerpo nunca sería inmortal,
 que él envejecería y un día se acabaría.
 Que somos hechos de recuerdos y olvidos; deseos, memorias, residuos,
 ruidos, susurros, silencios, días y noches, pequeñas historias y sutiles detalles.

Tuve que aceptar que todo ello es pasajero y transitorio.
Y tuve que aceptar, que vine al mundo para hacer algo por él, 
para tratar de dar  lo mejor de mí,dejar rastros positivos de mis pasos,
en el momento de partir.

Yo tuve que aceptar que mis padres no durarían para siempre,

y que mis hijos  poco a poco escogerían sus caminos y proseguirían ese camino sin mí.
Y tuve que aceptar que ellos no eran míos, como suponía,

y que la libertad de ir y venir, es un derecho de ellos también.

Yo tuve que aceptar que todos mis bienes me fueron

confiados en préstamo, que no me pertenecían
 y que eran tan fugaces como fugaz era mi

propia  existencia en la tierra.

Y tuve que aceptar que los bienes quedarían para uso de otras

personas  cuando yo ya no esté por aquí.

Yo tuve que aceptar que barrer mi acera todos los días no me daba

ninguna garantía de que ella era propiedad mía, y que barrerla
 con tanta constancia era apenas un fútil alimento que me daba a mí la ilusión de poseer.

Yo tuve que aceptar que lo que yo llamaba “mi casa”
 era sólo un techo temporal, que un día más, un día menos,
 sería el abrigo terrenal de otra familia.
Y tuve que aceptar que mi apego a las cosas, sólo apresuraría aún más mi despedida
y mi partida.

Yo tuve que aceptar que los animales que quiero, y los árboles que yo planté,
 mis flores y mis aves, eran mortales.

Ellos no me pertenecían.

Fue difícil, pero yo tuve que aceptar.

Yo tuve que aceptar mis fragilidades, mis límites, y mi condición de ser mortal,
 de ser efímero,e ser pasajero.

Yo tuve que aceptar para no perecer.

Yo tuve que aceptar que la vida siempre continuaría conmigo o sin mí, 
y que el mundo en poco tiempo me olvidaría.

Humildemente confieso que tuve que librar muchas guerras dentro de mí.

Yo me rendí y acepté lo que tenía que aceptar.

Aceptar para dejar de sufrir, para lanzar fuera mi orgullo y mí prepotencia

 y para volver a la simplicidad de la naturaleza, 
que trata a todos de la misma manera,sin favoritismos.

Y tuve que aceptar que no sé nada del tiempo y que es un misterio para

mí. Que no comprendo la eternidad y que nada sabemos sobre ella.

¡Tantas palabras escritas desde el principio, tanta necesidad de explicar,

entender y comprender éste mundo y la vida que en él vivimos!

Yo tuve que desarmarme y abrir mis brazos para reconocer la

vida como es, que todo es transitorio, y que sólo funciona

mientras estemos aquí en la tierra.

 ¡Eso me hizo reflexionar y aceptar, para alcanzar la paz tan soñada!

“La vida es un regalo que se te ha dado”

¡Haz de este viaje algo único y fantástico!

¡Aprende a ser generoso y a compartir lo que tienes con tu familia, tus amigos

y los que lo necesitan!

VIVE BIEN! Goza tu vida!  Sé Feliz…

Anónimo
                                Extraído de la red.