Tras ser detenido y torturado, a Jesucristo le colocaron una
corona de espinas; tras ser crucificado un grupo de estas pequeñas aves
comenzaron a retirarlas y, según la creencia popular, aliviaron su sufrimiento,
de ahí que sean consideradas como animales sagrados
La
relación entre las golondrinas y las espinas de Cristo se originó, según la
creencia, cuando el Mesías se encontraba en la cruz. Esta leyenda ha ido
perdurando con el tiempo, y estas bellas aves han ido siendo asociadas a
creencias religiosas.
De
acuerdo con el relato bíblico, Jesús
de Nazareth, reconocido por sus seguidores como el Hijo de Dios, fue
sentenciado a muerte. El sistema de justicia romano lo condenó a ser crucificado
en el monte El Calvario debido a los postulados de su
predicación.
Antes
de consumarse la sentencia, Jesucristo fue torturado mediante azotes; siguiendo
con los hechos contados por los Apóstoles, le fue colocada una corona hecha con ramas
llenas de espinas.
Se
cuenta que estando Jesucristo crucificado, un grupo de golondrinas se acercaron y
comenzaron a retirarle las espinas de la corona. La creencia
popular afirma que de esta manera ellas
aliviaron su sufrimiento; este hecho ha servido de base para
que muchas personas consideren a la golondrina un ave muy respetada.
Otra referencia bíblica pero de
un Evangelio apócrifo, nos viene escrita con el pseudónimo Tomás.
Cuenta esta leyenda que Jesús, siendo todavía un niño (con apenas cinco años de
edad), se encontraba un día jugando en el cauce de un arroyo; el pequeño hizo
una masa blanda de barro y formó con ella doce golondrinas.
El respeto de los creyentes por
las golondrinas
Como vemos, después del suceso en la cruz, las
golondrinas pasaron a ser consideradas sagradas y a ser respetadas.
Esto incluye la prohibición de matarlas o destruir sus nidos; a menudo suele
decirse que “las golondrinas son de Dios”.
La leyenda de las golondrinas y las espinas de Cristo explica
incluso la anatomía de estas aves migratorias. Se asegura que su dorso
negro se debe al luto por la muerte del Hijo de Dios; además, la
mancha roja en su pecho se cree que quedó allí por la sangre derramada de
Cristo cuando le retiraban las espinas.
Por otra parte, y en lo referente a su posible
caza, la carne de estas aves insectívoras se considera amarga. La iglesia y
feligreses explican que esto se debe a que desde entonces se volvió así para
que ni los ateos pudieran matarlas para comer.
Los nidos de golondrina gozan de un
especial respeto y protección, por lo que no suelen ser destruidos o retirados. Gracias a esto, abundan en muchos lugares,
principalmente en las edificaciones eclesiásticas.
Comportamiento de la golondrina
Aunque es un ave de pequeño tamaño, la
golondrina suele volar de día, asumiendo los riesgos del acecho de diferentes
depredadores. Además, se trata de un ave migratoria, que vuela en grupos.
Las golondrinas conviven en colonias, lo
que les ayuda en sus migraciones, y además aporta un punto de protección. Esta convivencia en colonias también favorece su
reproducción y la fabricación de nidos.
El hábitat de las golondrinas suelen ser sitios
espaciosos, que utilizan como dormitorios. Son aves que madrugan mucho y alegran el ambiente con
sus particulares cantos, de diferente intensidad. Pueden llegar a conseguir
tonos muy agudos.
Por las mañanas y como si se estuvieran
desperezando, mueven sus alas de una forma curiosa, estirando las plumas y sus
pequeñas articulaciones. Es una alegre forma de saludar el nuevo día.
Cuando arrancan su vuelo, lo hacen en
pequeños grupos en principio; a
continuación, seguirá la partida el resto del grupo velozmente, en lo que
parece una especie de estampida. Se elevan en sentido vertical de una forma
curiosamente rápida.
Al finalizar el día, buscan el siguiente
espacio para dormitorio; en esta
búsqueda hacen una especie de remolinos entre el grupo, con cantos muy
intensos. Poco a poco, cada pequeña ave llegará a su espacio de descanso y sus
aventuras diarias habrán acabado hasta la jornada siguiente.
La leyenda de El Cerro de la
Golondrina
Una de las leyendas asociadas a las golondrinas
y las espinas de Cristo es originaria de Guadarrama. No se sabe a ciencia
cierta si la creó o la rescató el poeta Francisco Acaso, oriundo de Cercedilla.
Esta leyenda cuenta que la primera ave
que le retiró una espina de la frente a Cristo, posteriormente voló con ella
grandes distancias. Recorrió sin soltar la espina 3 600 kilómetros,
desde El Calvario hasta la Sierra de Guadarrama.
Finalmente, la golondrina llegó agotada a la
cúspide de un cerro, donde murió y fue cubierta por la tierra de la dehesa. Por
este motivo, este lugar situado en Navacerrada, en Madrid, fue bautizado
como El Cerro de la Golondrina.
Regalo de mi hija.