sábado, 4 de agosto de 2012

EL SECRETO DE BARTALI, SALVO A 800 JUDIOS‏


Siguen apareciendo hermosas y heroicas historias que merecen ser difundidas.
EL SECRETO DE LA BICI DE BARTALI

Gino Bartali se murió en el año 2000 sin que nadie supiese su verdadera historia,
 la del corredor grandioso que dedicó
 dos años de su existencia a salvar la vida de ochocientos judíos.
Para ello se valió de su bicicleta donde escondía la documentación
 necesaria para sacarlos de Italia.
Y así, bajo la apariencia de simples entrenamientos,
 llevaba los papeles de un lado a otro.
Nadie sospechaba en aquel momento de uno de los
grandes mitos del deporte italiano, del hombre que había conseguido
 darle a Mussolini el Tour de Francia en 1938.

Gino Bartali escondió un secreto durante casi sesenta años. 
En el año 2000 se fue a la tumba con él y sólo un descubrimiento casual permitió conocer la dimensión humana que uno de los grandes ciclistas del siglo XX alcanzó durante la II Guerra Mundial.
Nacido en la Toscana, en el seno de una familia humilde
 que se dedicaba a trabajar el campo, Bartali comenzó a correr 
gracias a que su padre le encontró trabajo en un taller de reparación de bicicletas.
Su dueño, contento por el trabajo de Gino, le regaló una y le animó a que se entrenase.
 A partir de ahí las escarpadas carreteras de la región fueron su espacio natural.

Pero antes de que el Campeonísimo de la historia del ciclismo Bartali estaba considerado como el ciclista del régimen de Mussolini.
 El Duce, en su delirio, soñaba con ver a un italiano derrotando a los franceses
 en el Tour y todas las miradas se volvieron hacia Bartali, que en 1936 
ya se había adjudicado el Giro y era una celebridad en todo el país.
 En 1937 una caída frustró su misión.

En 1938 cumplió con el sueño de Mussolini
 aventajando al segundo clasificado en más de veinte minutos.
 Cuando la carretera se empinaba,
 cuando el calor y el polvo secaban las gargantas Bartali no encontraba rival.
 Pero la II Guerra Mundial le dejó sin los años en los que se podría haber labrado un palmarés espectacular, cuando Coppi aún era un joven meritorio que corría a
su lado.

Lo que nadie imaginaba es que en aquellos años oscuros Bartali,
 uno de los símbolos del Partido Nacional Fascista,
era en realidad uno de los personajes claves de una organización dedicada a salvar la vida de los judíos italianos a los que los alemanes querían enviar a sus hornos crematorios.
 Gino Bartali seguía  por las carreteras de la Toscana o Umbría.
Nadie podía suponer que en el cuadro de su bicicleta o debajo de su sillín transportaba documentos y asaportes destinados a los judíos
 que se escondían en algunos de los monasterios italianos.

Bartali no despertaba demasiadas sospechas pese a que la guerra impedía cualquier competición y resultaba extraño ver a alguien entrenándose en aquel ambiente.
 Corría con ropa en la que se podía leer su nombre lo que le permitía recorrer kilómetros recibiendo los saludos efusivos de los soldados italianos,
 para los que era un auténtico ídolo. 
 Era el correo perfecto.

En los conventos y monasterios la red organizada por
Giorgio Nissim -con el apoyo de varios arzobispos- se dedicaban a elaborar los pasaportes destinados a salvar la vida de cientos de judíos y que Bartali transportaba
jugándose la vida en aquellos viajes por las carreteras que conocía como nadie.
Durante 1943 y 1944 el corredor toscano, el beato Bartali, se dedicó a esa misión sin que nadie le delatase.
 Acabó la guerra y aquellos entrenamientos kilómetros aún le valieron en su carrera deportiva porque con 32 años pudo ganar en 1946 el Giro y en 1948, con 34,
se apuntó el Tour de Francia en una demostración colosal en la montaña ya que se impuso en siete etapas de aquella edición Bartali se retiró a su tierra, a Florencia,
 y durante cincuenta años no dijo nada de su trabajo para ayudar a los judíos que habitaban Italia.
Durante décadas quedó sobre él la etiqueta de haber sido el corredor de los fascistas. No le importó.
 Se murió en el año 2000. El mundo sólo descubrió
su magnitud en 2003 cuando
los hijos de Giorgio Nissim encontraron un viejo diario de su padre en el que detallaba la forma en que funcionó la red clandestina dedicada a conseguir documentos que salvasen la vida de los judíos.

Allí, en aquellos papelajos, se explicaban minuciosamente los viajes que hacía Bartali, los kilómetros que recorrían, los papeles que escondían su bicicleta y,
 sobre todo, lo abnegado de su dedicación a la causa.
 Los Nissin contaron lo que su padre escribió y entonces empezó a cobrar sentido tanto entrenamiento en una época en la que costaba ver a un ciclista recorrer una
carretera italiana. Italia descubrió a uno de sus grandes héroes.
Los Nissin también contaron el dato más importante que escondía el diario de su padre:
800 judíos evitaron el viaje a algún campo de concentración de los alemanes gracias a
 las piernas de Gino Bartali.
Texto e imágenes extraído de la red.
 Gracias Carmen Bianchini de Garofoli por compartir.
Un abrazo.
 

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